10 mar 2010

Instrucciones para elegir en un picado (Alejandro Dolina)

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo, se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos.

Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a cada uno de sus compañeros.

Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos.

Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida: sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advierten su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.

Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían… ciertas cualidades.

Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía siempre a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran los más capaces.

El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico: uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán.

Un equipo de hombres (y mujeres) que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.


Alejandro DOLINA 
(de "Crónicas del Ángel Gris")

21 feb 2010

DEFENDER LA ALEGRÍA !!!

Estoy sentado en la tribuna de un club de barrio, viendo jugar a las categorías 2004 de Barrio La Carne y Amor y Lucha.

Es la segunda fecha del torneo "Semillero de Gerli". Doce pibitos de cinco y seis años  tratan de correr detrás de la pelota mientras algunas decenas de padres, tíos, hermanos y amigos grita hasta la afonía cuando su equipo avanza y aullan como lobos heridos cuando es su propio arco el que está en riesgo.

Amor y Lucha gana uno a cero, pero Barrio La Carne no se entrega, empujan con ganas sus seis aguerridos jugadores, con el arco rival en la mira. Yo sigo disfrutando,  entretenido, ajeno a los vaivenes emocionales de los espectadores.

Una pelota cruza la cancha y cae en el área de Amor y Lucha. El arquerito la ve llegar, la para con su piecito derecho y la deja muerta contra el piso. No la agarra con la mano, la deja ahí, quietita en el piso.
Los jugadores de Barrio La Carne no saben qué hacer. La pelota está ahí, en el área chica, cerca del arquero que se niega a agarrarla. El primer delantero se decide y corre a toda velocidad hacia donde está el balón, está cerca, muy cerca, pero a pocos centímetros de la gloria, el arquerito se hamaca y sale gambeteando hacia su derecha con la risa contenida entre los dientes.

Yo espero, después de semejante demostración de osadía, que ahora si, de una vez por todas, la reviente para arriba y aleje el peligro. Pero no. Otra vez el arquerito la deja quietita contra el piso. Mira al costado para asegurarse que aquel delantero embestidor ya no es un amenaza, mira para adelante y desafía con la cabeza levantada y la pelota quieta al próximo valiente.

Viene el segundo,  ya algo advertido de que el arquero no está actuando normalmente, y barre el piso en un intento desesperado por llegar a la pelota; la pierna del arquerito se estira en el último instante, y la hace correr por la punta, dejando tras de si otro desafío superado.

Yo no entiendo, juro que no entiendo. Miro al árbitro para ver si la jugada fue anulada, pero no, la pelota está en juego, todo vale. Miro al técnico de Amor y Lucha esperando el grito desencajado, el gesto amenazador, el ruego de "sacala", pero no. Alejandro está tranquilo, como si nada... No dice nada, ni se ve nervioso. El arquero entonces, ve a su compañerito bien abierto allá arriba, y pone un pase en profundidad que se termina perdiendo en el fondo de la cancha.

La jugada, con algunas variantes lógicamente,  se repite cinco o seis veces en ese primer tiempo. Ya a la tercera o cuarta vez, me acostumbré a esperar la gambeta, pero sigo sin poder aceptar que detrás de ella no venga el reto, ni los gritos del público que también toma la actitud de Santiaguito, con increíble normalidad...

En una de los tantos firuletes, Santiaguito calcula mal, y la pelota termina dentro del arco, de su propio arco. Es gol. Barrio La Carne y Amor y Lucha están uno a uno, pero nadie se queja; no hay retos para Santiago, y todo sigue como si nada... Yo sigo sin entender.

En el segundo tiempo Santiaguito salió del arco, fue de delantero, pero no pudo revertir el resultado. Cuatro a tres ganó Barrio La Carne y Amor y Lucha perdió el invicto.

Le comento al Negro Florentín que no puedo creer lo que acabo de ver: un arquerito de cinco años se divierte gambeteando rivales dentro de  su propia área, una y otra vez... Le salen todas, pero las que no salen las va a buscar adentro. Sin embargo, la alegría está invicta. El pibe sigue en la suya, y su entrenador le respeta las ganas de jugar. No le grita, no lo cambia, no lo amenaza. Tampoco la gente de su club, que acompaña con risas y aplausos cada jugada...

Uno no deja de sorprenderse cuando la alegría y la libertad de jugar y divertirse pueden asomarse en todo su esplendor en esta  sociedad donde la angustia es el estado natural.

Estaba pensando todo eso cuando un grito de "sacalaaaaaaaaa" me sacudió. Ya había arrancado otro partido... más normal...

El fútbol es maravilloso... y sigue estando entero en los pibes que en el barrio recién empiezan a patear...
Qué bueno que  lo dejen crecer y no les corten las alas al primer vuelo...

Me vuelvo a casa, agradeciendo a Santiaguito por el fútbol, a Alejandro y a la gente de Amor y Lucha, por disfrutar de la alegría de jugar de los pibes, más que del resultado.

La historia es afortunadamente real. Barrio La Carne le ganó a Amor y Lucha 4 a 3 en el Torneo Semillero de Gerli, el domingo 21 de febrero de 2010.

16 feb 2010

El resultado en fútbol infantil atenta contra la formación (Pino Hernández en Clarín)

Copiamos a continuación una muy interesante nota que publica el Deportivo de Clarín, hecha por Eduardo Tagliaferri a Eduardo Pino Hernández, coordinador del fútbol infantil de Véles Sárfield.
El título de la nota, ya es una definición:

"El resultado en fútbol infantil atenta contra la formación"

13:05|Eduardo "Pino" Hernández, Coordinador General del Fútbol Infantil de Vélez, cuestionó el trabajo de algunos clubes en sus Divisiones Inferiores. Además denunció que "hay robo de jugadores y padres que les pegan a los árbitros".

Por: Guillermo Tagliaferri

PINO. Eduardo Hernández es el Coordinador General del Fútbol Infantil de Vélez. (Eugenia Cerruti)
Con la autoridad que le da haber dirigido infantiles y juveniles durante aproximadamente dos décadas, Eduardo Pino Hernández, ex puntero derecho de Vélez, Platense y San Lorenzo entre otros y actual Coordinador General del Fútbol Infantil de Vélez, trazó un panorama sobre la raíz del fútbol argentino y denunció graves irregularidades que atentan contra la formación adecuada de los futbolistas del futuro. "Se está actuando mal. En el fútbol infantil están sucediendo cosas que atentan contra los objetivos fundamentales. El chico que da sus primeros pasos en el fútbol organizado es como un árbol que está a tiempo de que se le coloque un palo para que salga derecho; porque si crece torcido ya no tendrá solución. Pasan cosas que no se pueden creer, si no lo modificamos vamos a crear jugadores sin identificación con el fútbol argentino".

Hernández cuestiona que "algunos clubes están muy pendientes de los resultados, sólo les importa ganar. Y a cualquier costo. Eso hace que la formación del chico, no sólo como futbolista sino lo que es más grave como persona, no sea la adecuada. Acá en Vélez obramos distinto. Por ejemplo, si el mejor jugador de una categoría comete algún acto de indisciplina el fin de semana queda excluido del equipo. Podemos perder el partido, pero ganamos en la formación a futuro. Nosotros tenemos una frase de cabecera que dice "el resultado en fútbol infantil atenta contra la formación".

Puntualmente el entrenador cuenta que "si hay un tiro libre en mitad de cancha se lo hace patear al más grandote de físico porque tiene potencia para pegarle al arco grande. Eso en Primera no va a pasar, ese jugador seguramente no será el encargado de los tiros libres. Otro caso es mandar al marcador central si es fuerte para que patee los córners al corazón del área, pensando sólo en convertir; en el futuro ese central no va a ejecutar los tiros de esquina sino que seguramente será él quien vaya a cabecear. O pedirles que revienten la pelota desde abajo, lo ideal es que aprendan a salir jugando. Y así podría citar montones de jugadas que sólo apuntan al éxito inmediato". Entre los cambios que pregona para el fútbol infantil figuran "achicar las canchas y los arcos para que los chicos estén en un hábitat más natural, usar pelota más chica para mejorar la técnica del jugador y fundamentalmente no jugar con tabla de posiciones en las categorías infantiles. Este último tema lo charlamos con Checho Batista, igual que poner menos énfasis en lo físico y sí en la técnica y el juego".

-¿Existe el "robo" de jugadores infantiles?

-Sí. Lamentablemente es algo común y da un poco de bronca. El club poderoso hace la captación en base al dinero y perjudica al club más modesto. Es una selva, y así el chico es menospreciado. Pero es una realidad y difícil de evitar con tantos problemas sociales. No se puede criticar a la familia que necesita el dinero y son tentados. Hasta se dan casos de clubes que se llevan categorías completas. El baby fútbol perdió la esencia, antes los chicos jugaban en el club de su barrio, donde iban con sus vecinitos amigos. Hoy hay chicos de 6 o 7 años que les pagan para ir a jugar. Eso es perjudicial. En vez de jugar van a trabajar, ¿Cómo llegará su mente cuando tengan que entrar a Novena división?

-¿Los padres también pueden convertirse en un factor negativo?

-He visto cosas terribles. Padres que agarran de las orejas al hijo porque jugó mal. Lo que deberían hacer es consolarlo y explicarle que no pasa nada por un mal rendimiento o por perder un partido. A los cinco minutos tienen que olvidarse y estar jugando al metegol. También hay casos de padres que le pegan al árbitro por estar disconformes con un fallo. ¿Qué ejemplo les están dando a sus hijos? Así los pibes sufren y juegan con temor pensando en las reacciones negativas de sus papás.


-¿Es conveniente traer chicos del interior para sumarlos al fútbol infantil de un club de Buenos Aires?


-Otra aberración. Es una locura meter en una pensión a chicos menores de 14 años. Es quemar etapas. No se lo puede sacar del entorno de su familia, además nadie les garantiza que van a llegar a Primera, ni siquiera a Inferiores. Acá en Vélez lo que hacemos es invitar en las vacaciones a los chicos del interior que vemos con condiciones y si la familia está de acuerdo lo fichamos, pero mientras tanto siguen viviendo en sus lugares de origen.

Hernández, que en Vélez fue técnico desde infantiles pasando por inferiores y hasta interinamente en Primera, traza una paralela entre el fútbol y la educación. Pregona que "las infantiles son el Jardín de Infantes, le enseñas al chico a jugar, a trabajar en la motricidad fina. De Novena a Séptima divisiones son la Escuela Primaria: empiezan a manejar letras y números y en el fútbol los sistemas tácticos. De Sexta a Cuarta es la Escuela Secundaria: se van preparando para una profesión, aprenden a cerrar un resultado y ahí sí se les exige ganar, que es lo que se les va a exigir en la vida. Y la Primera es la Facultad, es el momento de recibirte de futbolista".

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22 dic 2009

EL MARACANAZO


Después de la suspensión de los Mundiales de fútbol a raíz de la Segunda Guerra Mundial, la FIFA retomaba su máximo evento, organizando en Brasil el Cuarto Mundial de la historia en el año 1950.

Uruguay había sido sede y campeón en 1930, Italia repitió ambas condiciones en 1934, y logró el bicampeonato en Francia en 1938.
Doce años después, el partido final del Mundial de Brasil iba a ser protagonizado por los dos mejores equipos del momento: el país anfitrión y el seleccionado uruguayo.

La fase  final que determinaría al campeón era una ronda de cuatro equipos a jugar todos contra todos. Los locales habían apabullado a Suecia (7 a 1) y a España (6 a 1), mientras los celestes llegaban con un punto menos, ya que habían empatado con España (2 a 2) y habían vencido a Suecia (3 a 2) angustiosamente, dando vuelta el encuentro en los últimos 13 minutos.

Según los datos oficiales de FIFA, el encuentro final en el Estadio Maracaná el 16 de Julio de 1950 fue presenciada por la increíble cantidad de 174.000 espectadores.

Al local le alcanzaba con el empate para consagrarse campeón, pero los antecedentes lo instalaban como gran favorito, y desde muy temprano, la fiesta estaba preparada para que el equipo de Flavio Costa festejara a lo grande. Los únicos que no se enteraron de eso, fueron los uruguayos...

Uruguay había llegado a la ronda final ganando un único partido, por 8 a 0, con el seleccionado boliviano. Después de eso, los resultados comentados antes, hablaban de una sufrida y ajustada clasificación.
A pesar de ese amplio favoritismo, el primer tiempo finalizó cero a cero.  La tradicional garra charrúa se oponía al juego brillante de los locales y ninguno pudo desnivelar.

En la segunda parte, a apenas 2' de reiniciado el juego, Friaca pone en ventaja a Brasil, desatando la alegría de todo el estadio que ya deliraba a cuenta.Sin embargo, a los 21', Schiaffino igualaba el marcador, poniendo un manto de suspenso a la gran final, que pronto fue dando paso a las dudas y el nerviosismo de hinchas y jugadores brasileños. Esos nervios se multiplicaron cuando a los 34', Ghiggia marcó el 2 a 1, dejando al estadio en un silencio espeluznante.

Carlos Solé, uno de los tres periodistas charrúas que cubrieron la final, relataba así el gol de la victoria:
"...La para Míguez y apoya Julio Pérez. Se va delante Julio Pérez con la pelota esperando que se cruce Ghiggia. Julio Pérez sigue atacando. Pérez a Ghiggia. Ghiggia a Pérez. Pérez avanza, le cruza la pelota a Ghiggia. Ghiggia se le escapa a Bigode. Avanza el veloz puntero uruguayo. Va a tirar. Tira. Goool, goool, goooool, goooooool uruguayo. Ghiggia tiró violentamente y la pelota escapó al contralor de Barboza. A los 34 minutos, anotando el segundo tanto para el equipo uruguayo. Ya decíamos que el gran puntero derecho del conjunto oriental estaba resultando la mejor figura de los uruguayos. Se escapó de la defensa brasileña. Tiró en acción violenta. La pelota rasante al poste escapó al contralor de Barboza y anotó a los 34 minutos Ghiggia el segundo tanto para Uruguay. Uruguay 2 Brasil 1. Autor del tanto Ghiggia a los 34 minutos..."




El gol de Ghiggia que le da el campeonato a Uruguay. Los defensores brasileños no lo pueden creer...

Para los brasileños, la derrota fue una tragedia nacional. La gente salía del estadio en un silencio sepulcral, en una desgarradora escena de llantos y desconsuelo.
Jules Rimet, presidente de la FIFA, había ingresado a las dependencias interiores del estadio poco después del gol de Brasil, para preparar su discurso, que hablaba maravillas del seleccionado brasileño, dando por descontado que la copa quedaría en Brasil.
Cuando volvió a salir al estadio, sólo los uruguayos estaban en la cancha, celebrando enloquecidos lo que noventa minutos antes era un sueño casi imposible.

Los héroes uruguayos del Maracanazo. Aquel día Uruguay jugó con Roque Máspoli, Mathías González, Eusebio Tejera, Schubert Gambetta, Obdulio Varela, Rodríguez Andrade, Alciede Ghiggia, Julio Pérez, Oscar Míguez, Juan Alberto Schiaffino y Morán. Juan Lòpez era el DT.

La gente en Uruguay salió a las calles a festejar, y los jugadores fueron héroes nacionales, desde aquel día y para siempre.
Tal fue la profundidad de la herida, que nunca más en la historia, Brasil jugó con camiseta blanca. Allí nacio la tradicional verde-amarela que hoy es un símbolo del fútbol mundial.
De los cinco mundiales siguientes, Brasil ganaría 3 (1958; 1962 y 1970) quedándose para siempre con la Copa Jules Rimet.

La bellísima copa Jules Rimet que Brasil obtuvo definitivamente en México 1970, al consagrarse campeón por tercera vez.

Así lo cuenta el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro "El fútbol a sol y sombra":

Nacía la televisión en colores, las computadoras hacían mil sumas por segundo, Marilyn Monroe asomaba en Hollywood. Una película de Buñuel, Los olvidados, se imponía en Cannes. El automóvil de Fangio triunfaba en Francia. Bertrand Russell ganaba el Nobel. Neruda publicaba su Canto general y aparecían las primeras ediciones de La vida breve, de Onetti, y de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz.
Albizu Campos, que mucho había peleado por la independencia de Puerto Rico, era condenado en Estados Unidos a setenta y nueve años de prisión. Un delator entregaba a Salvatore Giuliano, el legendario bandido del sur de Italia, que caía acribillado por la policía. En China, el gobierno de Mao daba sus primeros pasos prohibiendo la poligamia y la venta de niños. Las tropas norteamericanas entraban a sangre y fuego en la península de Corea, envueltas en la bandera de las Naciones Unidas, mientras los jugadores de fútbol aterrizaban en Río de Janeiro para disputar la cuarta Copa Rimet, después del largo paréntesis de los años de la guerra mundial.
Siete países americanos y seis naciones europeas, recién resurgidas de los escombros, participaron en el torneo brasileño del 50. La FIFA prohibió que jugara Alemania. Por primera vez, Inglaterra se hizo presente en el campeonato mundial. Hasta entonces, los ingleses no habían creído que tales escaramuzas fueran dignas de sus desvelos. El combinado inglés cayó derrotado ante los Estados Unidos, créase o no, y el gol de la victoria norteamericana no fue obra del general George Washington sino de un centrodelantero haitiano y negro llamado Larry Gaetjens.
Brasil y Uruguay disputaron la final en Maracaná. El dueño de casa estrenaba el estadio más grande del mundo. Brasil era una fija, la final era una fiesta. Los jugadores brasileños, que venían aplastando a todos sus rivales de goleada en goleada, recibieron en la víspera, relojes de oro que al dorso decían: Para los campeones del mundo. Las primeras páginas de los diarios se habían impreso por anticipado, ya estaba armado el inmenso carruaje de carnaval que iba a encabezar los festejos, ya se había vendido medio millón de camisetas con grandes letreros que celebraban la victoria inevitable.
Cuando el brasileño Friaça convirtió el primer gol, un trueno de doscientos mil gritos y muchos cohetes sacudió al monumental estadio. Pero después Schiaffino clavó el gol del empate y un tiro cruzado de Ghiggia otorgó el campeonato a Uruguay, que acabó ganando 2 a 1. Cuando llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en Maracaná, el más estrepitoso silencio de la historia del fútbol, y Ary Barroso, el músico autor de Aquarela do Brasil, que estaba transmitiendo el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el oficio de relator de fútbol.
Después del pitazo final, los comentaristas brasileños definieron la derrota como la peor tragedia de la historia de Brasil. Jules Rimet deambulaba por el campo, perdido, abrazado a la copa que llevaba su nombre:
Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y se la entregué casi a escondidas. Le estreché la mano sin decir ni una palabra.
En el bolsillo, Rimet tenía el discurso que había escrito en homenaje al campeón brasileño.
Uruguay se había impuesto limpiamente: la selección uruguaya cometió once faltas y la brasileña, 21.



La maravilla de las pasiones que el fútbol despierta, puede analizarse de mil maneras diferentes, pero tal vez el secreto esté en la frase que hace pocos días dijo el Maestro Bielsa en El Salvador:

"EN EL FÚTBOL NO SIEMPRE GANA EL TODOPODEROSO"
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29 oct 2009

El partido de la muerte. Cuando el fútbol derrotó al nazismo.


El Dynamo de Kiev, es el club más ganador de la Liga de Ucrania, una nación del este europeo que hasta los años 80 integró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Con trece Ligas locales, nueve Copas de la U.R.S.S., y algunos lauros internacionales (Recopa y Supercopa), el club fue cuna de Andriy Shevchenko, su máxima figura histórica, con quien llegó a una histórica semifinal de la Champions Ligue.

Sin embargo, la riquísima historia deportiva del Dynamo de Kiev, tiene un eslabón de oro, en el que la camiseta blanca y azul del club brilló más que nunca, en medio de la gran tragedia que vivió el mundo durante el auge del nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

Con Ucrania invadida y ocupada por la Alemania de Hitler, los jugadores del Dynamo fueron reconocidos entre los prisioneros y autorizados a entrenarse en un campo de los suburbios, donde jugaron varios partidos con distintos combinados de aficionados alemanes y húngaros, sin que esto aliviara en nada las condiciones de servidumbre y hambre que soportaban, al igual que el resto de la población ocupada.

Ante la fama de imbatibles que fueron ganando los jugadores del Dynamo, fueron desafiados por un equipo del ejército alemán al que vencieron, tras lo cual los nazis prepararon “el gran desafío”: anunciaron con bombos y platillos “La Gran Revancha”, que se jugaría el 12 de Junio de 1.942 entre el seleccionado del ejército alemán y un combinado de Kiev, al que llamaron “Star”, con gran mayoría de jugadores del Dynamo más algunos refuerzo del Lokomotiv de la misma ciudad. 




El encuentro se disputó en el Estadio Municipal y las diferencias entre los integrantes de ambos equipos eran notorias: un muy entrenado equipo alemán, enfrentaba a un grupo de futbolistas pésimamente alimentados, que casi en harapos ingresaron a la cancha a jugar el gran partido de sus vidas.

Con las tribunas colmadas por el pueblo de Kiev, y la oficialidad nazi en el Palco de Honor, los alemanes comenzaron ganando, pero la garra de los ucranianos pudo más, y el primer tiempo finalizó con un inesperado dos a uno a favor del Start.

La situación, no iba a ser tolerada por la plana mayor del ejército, uno de cuyos integrantes ingresó al vestuario en el descanso del entre tiempo para notificar a los jugadores de Kiev que nunca jamás un seleccionado alemán había sido derrotado por un equipo de los territorios ocupados, y que no sería esta la excepción, prometiendo fusilarlos a todos si el marcador no se revertía.

Aún a pesar de la amenaza, los jugadores salieron al campo decididos a no entregar lo único que los nazis no habían podido conquistar: su dignidad.














Ante el delirio del público, el combinado convirtió rápidamente el tercer gol y a los pocos minutos el cuarto, dando al equipo nazi una verdadera lección de fútbol y coraje.
Antes de llegar  a la mitad del complemento, el combinado marca un quinto gol, ante el festejo enloquecido de los hinchas locales y la furia de la humillada oficialidad del ejército alemán que se retira del campo, ante lo cual el árbitro da por finalizado el partido.

Al finalizar la jornada, los jugadores del combinado de Kiev, tal cual lo anunciado por el oficial invasor,  fueron enviados a los campos de concentración del nazismo, donde varios de ellos fueron ejecutados a las pocas horas.
El crimen, fue reconocido por los oficiales alemanes en los históricos Juicios de Nuremberg  donde se estableció que fueron asesinados el arquero Mykola Trusevich,  Ivan Kuzmenko, Olexiy Klimenko y Mykola Korotkikh, y seguramente otros integrantes del equipo.

El legendario “Partido de la Muerte”, fue luego llevado al cine por los húngaros, y más tarde por los norteamericanos en “Escape a la victoria”, la película de John Huston, protagonizada por Stallone y varios ex futbolistas profesionales, con Pelé y Ardiles, entre otros.  En este film, sin embargo,  el final fue acomodado a las necesidades de la industria de Hollywood, muy lejos de la realidad histórica.

Distintas versiones pueden encontrarse sobre los sucesos narrados, pero esto es lo esencial de una historia en la que a través del fútbol, los oprimidos sacaron pecho frente a los opresores y los derrotaron en una cancha con una pelota como arma.

Sobre el tema de la nota, pueden ver también: 
wikipedia: el partido de la muerte 
página 12: los once del patíbulo