5 jun 2012

TRIPLE PE, EL ELEGIDO.



Hay hombres que nacen marcados por la naturaleza. Gente que uno la ve, y dice: este  sale boxeador… o futbolista… o bailarín… Dotados. Tocados por la varita mágica,  señalados por el destino.

Así pasó con Pedro Pablo Peralta, protagonista de esta historia.

Desde sus primeros pasos, y aún antes, Pedrito demostró la impresionante habilidad de la pegada. Perfilaba el cuerpo, ya desde chiquito, y le entraba al balón con una técnica sólo reservada para los elegidos. El cuerpo en ángulo obtuso con el suelo, brazo derecho erguido señalando el cielo, brazo izquierdo horizontal regulando el equilibrio, y el empeine endiablado, casi un guante, entrando como daga, acariciando el cuero en estocada fina y amorosa.

Apenas iniciada su precoz carrera en el baby fútbol, “Triple P” era el hombre de la pelota parada. Corners, tiros libres, penales, piques; cada pitazo era la señal para el próximo toque mágico de su pie derecho que desembocaba en el festejo, o en el Uuuuuh prolongado de su gente.

Pedro asumió desde siempre ese rol, ese lugar de privilegio. Con la serenidad y la responsabilidad de los distintos, se ponía al hombro los clásicos en cada lanzamiento. Donde ponía la vista, iba la pelota.

Ya en inferiores era el inicio de toda jugada preparada. De su botín salían el centro justo para la cabeza de los lungos, el pelotazo a espalda de los centrales rompiendo los orsay, la diagonal punzante para la entrada por sorpresa de los volantes que perforaban cualquier esquema. Pedro Pablo, parado en el círculo central, era la usina generadora que sueña todo entrenador, y el objetivo señalado de los marcadores rivales para maniatar todo intento ofensivo.

Sin embargo, como a veces sucede con los iluminados, Triple Pe no descansaba sobre su ADN. Vivía puliendo su magia. Se quedaba horas después de cada entrenamiento pegándole por arriba de las figuras de madera y buscando los ángulos con todas las variantes posibles; al primer palo con comba cerrada, al segundo con cara interna, tres dedos por afuera de la barrera, o pique sutil para la entrada del nueve.

Acumulaba horas perfeccionando una técnica que cada día se hacía más perfecta.

Así llegó a las manos del viejo Antonio Lema, veterano maestro de juveniles que en los terrenos de Casa Amarilla vio por primera vez a ese mago llamado Pedro Pablo Peralta, Triple Pe.

Cuando Don Antonio lo vio clavando un misil de emboquillada casi desde mitad de cancha, pensó que toda su vida, todos esos años de darle y darle a la pelota enseñando, depurando, corrigiendo, habían sido sólo para llegar a ese momento, en el pináculo de sus conocimientos, dando el último toque a esa joya en bruto que el destino ponía delante de sus ojos.

El Viejo Lema empezó a dedicarse a Pedro cada vez más, hasta llegar a hacerlo casi por completo. Buscaba el detalle mínimo, la medida milimétrica, el perfil perfecto para hacer de su discípulo el más grande de todos los tiempos. La obsesión fue ganando espacio en su vida, llegando a postergar funciones esenciales en pos de dedicar más tiempo y más espacio a ese regalo que la vida le había puesto enfrente en los últimos avatares de su exitosa carrera docente.

Así fue que Antonio Lema, luego de doce días ininterrumpidos de revisar una y mil veces, videos de Nelinho, Zico, Platini, Francescoli, Maradona y todo cuanto pegador hubiera existido en la historia del  fútbol, fue encontrado muerto en la salita de audiovisuales que supo hacer construir Don Antonio Alegre, detrás del codo de Brandsen y Filiberto.

Triple Pe podía creerlo. Su maestro, el hombre con el que había compartido más horas que con su propia familia, lo dejaba en plena curva ascendente de su búsqueda de la perfección, en plena construcción del punto más alto de la física aplicada al deporte.

Lo empezó a soñar a Don Antonio noche tras noche:

-         Busque la mano cambiada del arquero, Pedrito…
-         Acaricie… acaricie la pelota, no le pegue…
-         Apunte con los hombros y busque la curva…

Cada noche, Don Antonio seguía hablándole a Pedro en sueños, repitiendo conceptos, remarcando ideas,  reafirmando aciertos y corrigiendo los pequeños errores, camino al diez absoluto.

Así eran los días… el Maestro enseñaba sin estar y horas después Pedrito aplicaba sobre el verde césped las palabras sabias.

Y como siempre ocurre en la vida de los genios, en algún momento un click, un golpe de suerte, marca un antes y un después, un día “D” que cambia el rumbo para siempre convirtiendo la virtud en milagro y el talento en magia.

Aquella noche de tormenta, Pedro Pablo no podía dormir. Daba vueltas y vueltas sobre las sábanas azuldoradas y los ojos seguían abiertos como lámparas y rojos como fuego. Ya entrada la noche, desde la oscuridad de la ventana que daba a la Avenida Patricios, un rayo fulgurante seguido de un trueno aterrador, asomó al cuarto insomne de Triple Pe, que escuchó bajar el vozarrón divino:

-         En las bravas, nunca asegure al medio Pibe,  eso déjeselo a los picapiedras, usté apúntele al ángulo,  donde se juntan los palos… ningún arquero llega ahí… Los grandes definen así…

Y después… el silencio absoluto. La calma intimidante. La nada.

Pedro despertó varias horas después, aún aturdido por el trueno y la aparición  inexplicable. Una y otra vez el vozarrón golpeaba dentro de su cráneo:

-         Al ángulo, pibe… ningún arquero llega…
-         Donde se juntan los palos…
-    A-lo-gran-de!

Y ahí fue Pedro, bolsito en mano, después del entrenamiento, con su bolsa de pelotas en la entrada del área grande. Clank! En el vértice izquierdo. Clank! En el ángulo opuesto. Clank! Clank! Clank! Cada pelota volaba en comba angelical hasta caer besando la soldadura donde palo y travesaño se juntan en un punto soñado.

Una y otra vez, el pelotazo de Triple Pe despertaba a las arañas causando la admiración de los curiosos que se juntaban a admirarlo.

Pedro seguía ensimismado en su viaje místico, con la seguridad de los que se saben portadores de una verdad única, pero con la humildad de los que aceptan ser mensajeros de una voz superior.

Encerrado en su luz, su figura fue creciendo tanto como el misterio de su vida interior. Sin haber debutado aún en la primera, fue tentado por los más encumbrados apóstoles de las ciencias de la comunicación. Chiche Gelblung, Mauro Viale, Anabella Ascar, Nelson Castro y  Marcelo Bonelli intentaron sin éxito llevarlo a sus programas. Pedro se mantenía en sus trece, y a través de sus allegados acercaba una cordial pero firme negativa.

Así pasaron los meses hasta que llegó aquel el día.

Después de racha incomprensible en la que llevaba quince meses sin convertir en las divisiones inferiores, Pedro Pablo Peralta salía entre los suplentes de la Primera división. Llevaba una seguidilla de ciento cuatro tiros en el travesaño que era difícil de creer, pero que a esta altura parecía interminable.

A pesar de los consejos de entrenadores, colegas y amigos, Pedro mantenía su silencio y su extraña contundencia a la hora de clavarla en los vértices de cuanto arco se cruzara en su camino. Ante cada tiro libre, o penal a su favor, los rivales se le acercaban a la voz de Clank, Clank, Clank…

Sin embargo, nadie se atrevía a pedirle a Triple Pe que dejara el lugar a otro. El afán de que convirtiera para destrozar la maldición era más fuerte que cualquier otra cosa, y la secreta convicción de que cuando entrara una, entraban todas…

Como tantas veces ocurre con los elegidos, Pedro salió a la cancha por primera vez en el clásico de siempre. Décadas de históricos enfrentamientos antecedían a esta tarde inolvidable en la que Pedro pisaba por primera vez la alfombra vegetal de la Bombonera de Buenos Aires. Una semana de lluvias y tormentas anunciaban un clásico jugado al límite, de pierna fuerte y dientes apretados. A la hora del inicio, el agua caía a baldazos y con los primeros minutos de juego, el fango iba cubriendo el campo de juego en toda su extensión.

Así transcurrieron los minutos, con despejes de puntín y barridas desafiantes con los botines como lanzas. La guapeza hecha bandera, en “un clásico casi borgiano, si se permite la paradoja” describía Víctor Hugo.

Y así llegó aquel momento. La hora H del día D, que cruzan los señalados. El hito que marca para siempre un futuro de gloria o Devoto, como decían los viejos.

Para Pedro Pablo Peralta, Triple Pe, esa hora y ese día fue a los cuarenta minutos del segundo tiempo, cuando en un clásico que marchaba hacia un cero a cero inamovible, que clausuraba las chances de ser campeones, el Profe Salas pronunció las palabras mágicas: “Venga pibe, a ver si me lo gana…”

El corazón de Triple Pe ni se inmutó. Pedro Pablo Peralta dejó de precalentar con el resto de los suplentes, y con su parsimonia habitual desabrochó la campera Nike y se paró al costado del cuarto árbitro esperando la detención del juego.

El espectáculo que era paupérrimo en la cancha, brillaba en las tribunas eufóricas, sabedoras de estar viviendo un momento único. El Oleee, oleee oleee oleeee… Pedrooo… Pedrooo era atronador. Bajaba de las gradas y penetraba las raíces del maltratado césped conmoviendo los cimientos de la histórica estructura de cemento que tantos ídolos había visto pasar.

-         Ni en la despedida de Hrabina vi así esta cancha…
-         Mirá nene… que esto nunca en tu vida te lo vas a olvidar…

Los hinchas morían por Triple Pe que todavía no había jugado un solo minuto en primera. Pedrito había nacido ídolo, porque los ídolos nacen… vienen con ese qué se yo debajo del brazo y nada ni nadie puede contra eso…

Los ídolos son ídolos por mandato del destino, y su vida parece escrita por un novelista genial que paso a paso va dibujando una escalera de ensueño. Y eso estaba pasando con Triple Pe Peralta…

Esa pluma misteriosa que escribe la vida de los genios, brilló como nunca en ese confuso borbotón de piernas en el borde del área y la pelota al cielo, en una escena de película, cortada por el silbato del árbitro y el índice de la mano derecha señalando el punto exacto de la falta. Explosión en las tribunas, tiro libre en el borde del área con el tiempo cumplido, y Triple Pe en la cancha para consagrarse definitivamente y dejar atrás esa seguidilla interminable de travesaños y palos. Si había un día soñado para ingresar al altar de los dioses xeneixes, era este, sin duda.

-         Que le pegue el pibe – ordenó  Salas con autoridad.

Y allí fue Pedrito… pelota bajo el brazo, con su andar elegante e inmutable frente a los insultos y las amenazas de los tremendos defensores riverplatenses.

- Así que vos sos el que se movía al Viejo Lema pibe?- intentó con filosofía bilardiana el Carnicero Godoy desde su aplomada veteranía.
            - Nene, si lo errás te van a degollar…- probó el Laucha Morete, sin tanta sutileza.

Pero el pibe no arrugaba. Con mirada casi ausente acomodó la pelota, se subió las medias y descontó los pasos de carrera sabiendo que era su momento. Todo era en cámara lenta, como en los sueños, como en los combates de Gatica que mostraba Favio… Los hinchas desenfrenados con las venas hinchadas y los ojos salientes, los puños en el aire o los ojos tapados esperando el grito… Lenta imagen, sonido pesado y gutural…

-         Qué vas a hacer Triple Pe? Le vas a dar al palo o la vas a meter? – preguntaba Marcelo Araujo desde los micrófonos de la Televisión Pública.
-         Metela nene, metela…- opinaba el Bambino desde Radio Diez.
-         No la va  a meter y todo va a estallar, el país se está hundiendo y esta es otra maniobra de los Kirchner para entretenernos - comentaba Lilita Carrió entrevistada por Luis Majul desde Punta del Este.

Y ahí fue Pedro… ajeno a todo. Camiseta veinte fuera del pantalón, con la cara manchada por el barro, bajo la lluvia demoledora del otoño porteño. El Goooooooooooo de la hinchada se sostenía en el aire. Pedro elevó la vista y calculó el viento, y ese fue el momento… Un resplandor enceguecedor estalló en el cielo y el rostro inconfudible de Don Antonio Lema se dibujo entre los nubarrones. Sonriente, confiado, con el gesto paternal de siempre… el Maestro volvió a hablar:

-         Al ángulo nene, donde se juntan los palos… Nadie llega ahí…

Pedro miró a su alrededor, todos lo miraban, nadie parecía haber visto y escuchado lo que él, pero Triple Pe sintió que una energía poderosa invadía cada célula de su cuerpo ahora tembloroso. Cerró los ojos y arrancó esa carrera interminable de siete pasos hacia la pelota: cuerpo en ángulo, brazos en equilibrio, mentón apuntando… caricia del empeine mágico, y la pelota volando entre las gotas frías.
Miles de miradas la siguen, los jugadores de la barrera giran sus cabezas ya superadas por el disparo, el vuelo del arquero y el brazo cambiado estirado hasta la impotencia. Gira y gira sobre si misma dibujando la parábola exacta, perfecta, en trayectoria calculada en horas de entrenamiento. El mundo se detiene en ese viaje interminable hasta que el ruido final rompe el silencio:  Clank!!!

Travesaño y afuera…

Estalla la visitante que redobla el eco cuando Laverni  pita el final. Se acabó el sueño dorado de la mitad más uno… Lluvia y llanto se unen en un único manto de decepción que no tiene consuelo…

A un nuevo rayo, aún más poderoso que el anterior, le sigue el trueno y la imagen, ya menos borrosa de Don Antonio Lema, ahora de cuerpo entero dibujada en el cielo oscuro…

- Gracias pibe… - dice el Maestro… y a su lado, sonrientes, otros también agradecen…

Pedro no los reconoce…  Son Labruna, Pedernera, Moreno, Lousteau… 


18 ene 2011

FESTEJAR (Por Julio Teri)

Salimos todos por las calles del barrio, nos llegamos hasta las casitas que están a la bajada del puente, teníamos motivos, la conquista del primer campeonato del mundo de boxeo, en las manos, mejor dicho en los puños de Pascualito Pérez, porque él, aunque mendocino, vivía en el doque.

Por fin alguien nos reconciliaba con el boxeo, ya que salvo algunas peleas que se hacían en el Sportivo, hasta ese momento la popularidad de este deporte estaba dominada por dos siniestros personajes, uno de ellos había sido campeón olímpico, sudamericano y argentino, los hermanos Lovell.

Cada fin de semana marchábamos hacia el comedor de la usina de la CADE donde se daba cine gratis para los hijos de los trabajadores de la empresa.

Pegado al comedor veíamos a un señor semiciego que vendía golosinas, casi sobre la puerta del largo pasillo estaba su kiosco portátil, pasillo desde donde muchas veces aparecía la tenebrosa figura de su hijo Santiago Alberto Lovell.

Alto de casi dos metros, enfundado en su sobretodo de cuero negro, que complementaba su piel y su alma, tan oscuras como su abrigo, se pavoneaba fumando un cigarrillo sin que muchos supieran de nuestra sensación de miedo, de bronca, de impotencia, sensaciones que se mezclaban al verlo pasearse, sabiendo nosotros, que junto a su hermano era uno de los hombres que había torturado a mi padre y a tantos compañeros en la comisaría tercera del Dock Sud.

Por eso gracias Pascual Pérez por darnos el campeonato y otra visión de lo que era el boxeo.

Julio Teri.


* Pascual Nicolás Pérez nació en Rodel del Medio, Mendoza, el 4 de Marzo de 1926.
Fue el primer campeón mundial de boxeo y uno de los grandes deportistas de nuestro país; está considerado uno de los tres mejores de la historia en peso mosca.
Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, y campeón mundial entre 1954 y 1960, realizó nueve defensas exitosas de su cinturón
La primera pelea de su carrera profesional la realizó en Gerli ante el chileno José Chiorino a quien venció por abandono en el 4º Round.
Se consagró campeón del mundo el 26 de Noviembre de 1954, venciendo por puntos en la ciudad de Tokio a Yoshio Shirai, a quien derribó en dos ocasiones durante los 15 rounds de combate.
Falleció el 22 de Enero de 1977, a la temprana edad de 50 años, tras una insuficiencia hepática-renal.

Julio"Cacho" Teri
Nació el 17 de Julio de 1943 en Dock Sud.
Comprometido militante social, apasionado devoto de San Osvaldo Pugliese y ex alumno de la centenaria Escuela Nº 35 de Dock Sud.
Padre orgulloso y emocionado abuelo.

14 nov 2010

Bajen las armas, que aquí sólo hay pibes jugando...

Algunas consideraciones sobre la Temporada 2010 del FADI Avellaneda.

El caso Newbery, y el caso Pienovi, o los muchos casos en que la violencia de los grandes provocó sanciones graves a los clubes, tienen la lamentable consecuencia de lastimar a muchos chicos, ya que destruyen muchas ilusiones que los pibes ponen en juego en esta competencia.

Por ello, Ninguna sanción nos alegra, pero si hay un Reglamento, que aprueban los Representantes de los clubes, no hay otra alternativa que cumplirlo.
Independientemente de las visiones que se tengan de la sociedad en la que vivimos, y del lugar que se ocupe en los distintos niveles de decisión, deberíamos coincidir en algunas cuestiones, que a esta altura de la historia, no  admiten discusión.

La primera de ellas y fundamental, es que nada puede estar por encima de la protección de la salud de nuestros pibes en todas sus formas. Nada hay más valioso.
En el deporte, esa protección no sólo abarca el respeto a las reglas de juego, sino el mismo ambiente en que desarrollan sus actividades.
La violencia, que la sociedad moderna ha incorporado naturalmente a la vida diaria, y que amplifican con intereses propios las maliciosas tapas de Clarín y  las placas rojas de Crónica, está presente en la convivencia familiar, en las relaciones entre vecinos, en la manera de relacionarnos en la calle, en los barrios y en los clubes.

Combatir esa violencia es una tarea necesaria e imprescindible. No importan los costos, si el fin es educar y formar a quienes son la razón de ser del presente y los futuros conductores de las generaciones venideras.
En esta pelea, como en todas las que definen en qué mundo queremos vivir, no pueden permitirse las vacilaciones: o se está a favor de un fútbol infantil sin violencia y para los chicos, o se está en contra.
No hay motivo válido que justifique el insulto al rival, el odio a los colores de otra camiseta, el agravio o la agresión al que está del otro lado o a quien debe impartir justicia en un partido de fútbol.

Quienes esgrimen el argumento de que las sanciones perjudican a los chicos, tienen razón; pero generalmente, se equivocan al señalar culpables. La responsabilidad por los puntos que le sacan a una categoría y que impide a los chicos concretar sus anhelos, no es de quien aplica el reglamento, sino de quien intentó burlarlo, pisotearlo o violarlo.
Si nos preocupamos para que las sanciones no nos arruinen la categoría campeona, hagamos el esfuerzo para que la violencia quede afuera de nuestros clubes. Ataquemos las causas para no sufrir las consecuencias.
En este sentido, las responsabilidades son diversas.
Los dirigentes, representantes y delegados debemos buscar permanentemente corregir las actitudes que no son adecuadas. No tenemos la fórmula ni venimos de otro planeta para ser distintos a otros productos de esta sociedad, pero nuestra función nos exige mejorarnos, reflexionar y hacernos cargo de nuestras debilidades para intentar reducirlas y dominarlas.

En este gigantesco y maravilloso universo de pibes y familias que es el FADI, vamos sabiendo, cada vez en mayor medida, quién es quién.
Los errores son errores, pero las malas intenciones no deben confundirse con errores.

Quienes administramos o editamos los Blogs, las páginas de los clubes, oficiales y no oficiales, no podemos desconocer el rol que tenemos en todo esto.
Nos guste o no nos guste, somos  medios de comunicación, y en ese sentido, debemos estar a la altura de la responsabilidad que implica tener como destinatarios de nuestros mensajes, a niños, nada menos...
Qué beneficio puede tener reproducir en un medio amenazas, agravios, descalificaciones, insultos, y agresiones desde el anonimato cobarde y ruin.
No se trata de debatir sobre libertad de expresión o censura; se trata de entender que esta manera de proceder convierte al medio en una usina de violencia y ultraja sus derechos universales consagrados por la Convención de los Derechos del Niño, que es parte de nuestra Constitución Nacional.

LOS NIÑOS TIENEN DERECHO AL JUEGO.
Pagarles para que jueguen, atenta contra ese derecho, desnaturalizando la esencia formativa del deporte.

LOS NIÑOS TIENEN DERECHO A LA PROTECCIÓN CONTRA EL TRABAJO INFANTIL.
Aunque se intente disfrazarlo, pagarle a un niño para jugar al fútbol, lo convierte en un trabajo.

LOS NIÑOS TIENEN DERECHO A VIVIR EN ARMONÍA.
Quienes fomentan ambientes agresivos atentan contra ese derecho.
¿Quién proteje al niño contra el maltrato y la humillación a que los someten algunos delegados que piensan que lo que está en juego en un partido de fútbol infantil es su gloria personal?
¿Quién proteje al niño de las faltas de respeto y los agravios a que los someten los grandes, muchas veces sus propios padres, cuando su esfuerzo no alcanzó para la victoria?
¿Quién proteje al niño que tiene que leer en una página de internet que es titular porque su mamá es "amiga" del delegado; o que en su club los delegados son traficantes, o que ganaron porque el rival recibió dinero a cambio?
Nada que pueda alegarse como justificación está por encima de estos derechos universales de los niños.

LOS NIÑOS TIENEN DERECHO A LA SALUD
Y la salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social.

CUIDEMOS A NUESTROS PIBES RESPONSABLEMENTE
El Resultado, en toda competencia, es uno de los objetivos, pero no el único, ni el más importante.


"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres."
Pitágoras

"El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde."
Gabriela Mistral

"No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados."
Don Bosco

"Los niños son educados por lo que hace el grande y no por lo que dice."
Carl Jung

17 jul 2010

Hay que terminar con la enfermedad de ganar o ganar

La frase es del Checho Batista, campeón del Mundo en el 86 y actual entrenador de los seleccionados juveniles. Copiamos a continuación, la muy intersante nota de Miguel Ángel Vicente que publica Clarín en su edición de hoy.
Es para leerla con atención y reflexionar


17/07/10 El DT de las selecciones juveniles es muy crítico con el momento del fútbol argentino. Dice que está muy mal y que el problema no está en Primera o en la Selección Mayor, sino en las inferiores.


Sergio Batista es el técnico de los juveniles. Y los juveniles son un buen punto de partida para mirar el futuro de la Selección. Por eso la consulta.

¿España dejó una lección? Yo creo que sí. No tenemos que copiar cómo jugó España, sino que tenemos que copiar los proyectos que tiene España. Uno los ve jugar en la Sub 17 y con la Sub 20 y se da cuenta del futuro que tiene. Apostaron a jugar bien al fútbol, a la técnica, a la creatividad de los jugadores.

Entonces todos te van a mirar a vos, porque se arranca con los juveniles.

Está bien que así sea. El fútbol argentino está mal en eso. El otro día me preguntaban si teníamos un Iniesta o un Xavi. Yo digo que tenemos muchos Iniesta y muchos Xavi, pero tienen 15, 16 o 17 años. El tema es cómo los trabajamos. El fútbol argentino fue siempre la técnica, el jugador talentoso, la inventiva y con eso desnivelamos a los equipos europeos. Hoy estamos confundiendo la forma de trabajar.

¿De esos Iniesta que vos decís ninguno llega a Primera? Ninguno. O muy pocos se acercan con esas características que vos les ves a los 15 años. Lo primero que tenemos que hacer nosotros y para eso existen las inferiores, tenemos que meternos en la cabeza que somos formadores. Formadores para el fútbol argentino, no para vender a Europa. Quiero decir con esto que en los clubes no puede haber más pesas que pelotas. No se puede trabajar más en lo físico que en lo técnico como se está trabajando actualmente. Hay que enseñarles a los chicos y para eso te tienen que apoyar los directivos. Ya sabemos que en Primera tenés que ganar, aunque yo sigo pensando que no es lo único. Vos te preparás para ganar, pero podés ganar o perder.

Se perdió la idea de que para ganar hay que jugar bien.

Seguramente.

Volver a pensar que para ganar hay que jugar bien, parece todo un proceso mental.

Primero nos tenemos que mentalizar que con los chicos no se puede andar buscando únicamente campeonatos. Somos formadores, no gente que tiene que ganar campeonatos, por eso nosotros propusimos eliminar la tabla de posiciones en las inferiores. Para que se puedan dedicar a la enseñanza del chico. No es posible que en el fútbol argentino no se puedan encontrar marcadores de punta o enganches. Hay jugadores, y los hay muy buenos. Pero no podés jugar en infantiles con chicos que tienen ocho años en cancha de once. Nosotros en los juveniles preparamos jugadores para la Selección Mayor. Todos se la agarran con que no clasificamos para un Mundial Juvenil. Pero yo hace dos años que vengo diciendo que, para mí, el fútbol argentino está mal. Se está trabajando mal. Por ejemplo eso de ganar a cualquier precio no va más. Tenemos que cambiar para ganar cosas importantes. Nos cuesta en juveniles, nos cuenta en la Mayor, le cuesta a los equipos de clubes. Son muchos los equipos que en la copas quedan afuera en primera ronda contra equipos venezolanos, por ejemplo. Y no es que evolucionaron los demás países, nosotros nos quedamos mucho. Antes se ganaba 6-0, no por la parte táctica o física, sino porque teníamos jugadores bien dotados. Ellos evolucionaron en organización, tienen más información de todo, pero se dieron cuenta de que corriendo y ordenados le podían ganar a cualquiera de los equipos argentinos.

Pero Argentina se distinguía por otras cosas.

Por los jugadores que técnicamente sobresalían. El problema no está en Primera, ni en la Selección Mayor, el problema está en los dirigentes que bajan las pautas. El dirigente piensa que tiene que formar un jugador para vender y eso a nosotros no nos interesa, porque el buen jugador se va a vender solo. Entonces para qué más gimnasio, más pesas si la pelota la tocamos una vez por semana. Así nos estamos confundiendo en el trabajo de base. Te confundís porque en el baby fútbol se hacen trabajos de pelota parada. Te confundís con las edades. A los 15 años no disfrutan porque es todo presión. A esa edad, presionan los representantes y los padres, pero ellos no entran a la cancha, los que presionamos somos los técnicos. Nosotros tenemos la culpa.

¿Cuánto lleva un proceso para recuperar esta esencia? En la Argentina lleva bastante.

Crees que los dirigentes van a estar de acuerdo con esta idea? Con las inferiores tendrían que hacerlo. Hoy casi ningún equipo tiene jugadores propios. Cada seis meses tenés que armar un equipo nuevo y hay que empezar a cambiar esas cosas para que los clubes empiecen a nutrirse de los jugadores de inferiores. Pero hay que prepararlos. Nosotros acá, con los juveniles, podemos perder sudamericanos o lo que quieran. Me van a matar por eso, aunque se olvidan de que gané un olímpico. Mi trabajo es formar juveniles para la Mayor. El éxito de Pekerman y de Tocalli no fueron los cinco títulos mundiales juveniles, sino que hoy, en la selección argentina, hay nueve jugadores que pasaron por los juveniles. Esa es la esencia. Esa es mi obligación.

¿Lo estás consiguiendo?
Lleva un tiempo, porque hay que cambiarles la mentalidad a todos. Yo protesto mucho, hablo mucho. No puedo entender que sigamos con el gimnasio y las pesas y no nos demos cuenta de que es otro el fútbol. Hay chicos de 13, 14 años que deben jugar en cancha chica y con una pelota adecuada. El jugador argentino está cada vez menos en contacto con la pelota, que es con lo que tiene que jugar. El dibujo táctico es secundario, lo que importa es la técnica del jugador.

La fiebre de que lo único que importa es ganar es difícil desterrarla.

Sí, lleva tiempo. En enero de 2008 Grondona me dijo que le hiciera una lista para los Juegos Olímpicos y al otro día se la llevé con 30 nombres de los cuales quedarían 18. Hoy tengo que pensarlo. Es mucho más difícil armarla y encontrar esa clase de jugadores. Estamos bajando. Tenemos para volver a lo de antes, a nuestra identidad. Pero también tenemos jugadores de 15 años que tienen dolores de rodilla por las pesas. ¿Dónde vamos a llegar? ¿Si tiene brazos grandotes o mucho músculo va a ser mejor jugador? Cuando termina un Mundial siempre se habla de proyecto y también de estilo.

¿Qué estilo? Argentina no puede tener ningún estilo. Si en la época de Basile tuvo que cambiar la forma de juego porque no encontraba un reemplazante de Riquelme. No había otro. Del 4-3-1-2 tuvo que ir al 4-4-2. El estilo entonces tenés que cambiarlo cada dos minutos. Acá tendría que haber ocho Riquelmes. Sale este, entra este y no cambio el estilo. No puede ser que estemos pensando en marcadores de punta y no los tengamos. Son barbaridades que pasan en el fútbol argentino. El problema está abajo, con los chicos. El proyecto no es que salga campeón la Quinta o la Cuarta, es que lleguen a Primera jugadores bien formados en todo sentido. Por eso tienen que evaluar al coordinador de las inferiores, no porque ganó un clásico. Hay que terminar con esa enfermedad de ganar o ganar. Llegó el momento de parar la pelota y pensar de otra manera.

Nota de Miguel Ángel Vicente - Diario Clarín (17/07/2010)
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2 jul 2010

Elogio de la Locura

El fútbol, como la vida, de tanto en tanto nos pone a prueba. Nos saca los grises de la paleta y nos da la opción de jugarnos por blanco o negro, cara o cruz. A veces, del acierto depende la felicidad o la tristeza, la de nosotros, la de nuestros afectos, o la de miles de personas que esperan que nuestra decisión sea la correcta.

Por una de esas encrucijadas pasó Sebastián Abreu hace unas horas al patear el último penal de la serie entre Uruguay y Ghana en los Cuartos de Final del Mundial de Sudáfrica.

Del penal de Abreu dependía la victoria de Uruguay, la concreción de la hazaña histórica de los celestes de romper la sequía tras 40 años de ausencia en las semifinales de un Mundial de Fútbol. Pero para el Loco, lo que estaba en juego era mucho más que eso.

- La va a picar, le digo a Camilo.
- Cómo la va a picar papá? Es el último penal…
- Te digo que la va a picar !!! Lo que vos quieras te juego! Si no la pica… mañana no miro el partido de Argentina…

Y ahí fue el Loco Abreu, caminando lento, a lo uruguayo, con la mochila cargada de cuatro décadas de frustraciones del fútbol de su país… La acomodó, miró al arquero, y pateó el penal más trascendente de su vida, y el más importante de la historia del fútbol charrúa…

El penal fue gol… pero lo más importante no fue eso…

Abreu tuvo que decidir en esos segundos si su locura para disfrutar del fútbol seguía invicta, o si esa alegría que fue la bandera más notable en su carrera de jugador de fútbol, debía ceder ante la solemnidad del momento, ante la necesidad de estar a la altura de la historia y asegurar el penal de un puntinazo.La falsa disyuntiva de ganar o disfrutar, nunca tuvo un momento de mayor notoriedad y nunca pudo mostrarnos una respuesta tan contundente: ganar disfrutando!

Ganó Uruguay con el penal de Abreu, picado apenas para que la pelota entre dando saltitos por el medio del arco, donde un segundo antes estaba el gigantesco buen arquero de Ghana.
Ganó Uruguay y está entre los mejores cuatro seleccionados del mundo, pero además ganó el fútbol y más aún, ganó el ejemplo de sostener los principios ante cualquier coyuntura por más dramática que parezca.
Ganó la alegría, la desfachatez de no rendir las convicciones ante nada, de no bajar banderas aún a costa de los grandísimos riesgos que se corran. Abreu sabía que si el arquero se quedaba parado en le medio del arco y atajaba ese penal, los diarios del mundo iban a hablar de la canchereada, de la irrespetuosidad, de burlarse de los sentimientos de todo un pueblo que esperaba ese gol para salir a festejar tras 40 años de abstinencia.

Sebastián Abreu nos tapó la boca de belleza, coraje y admiración, y ante él, suplente de un equipo que llegó como cenicienta a Sudáfrica 2010, nos sacamos el sombrero los que queremos seguir disfrutando de la magia en una cancha de fútbol.

- Cómo sabías que la iba a picar papá ??? – pregunta Camilo sorprendido...
- Porque está loco hijo, y sin los locos nos moriríamos de tristeza, en el fútbol y en la vida, que son lo mismo…

Y entre nosotros… sino la picaba, me moría…


PABLO ISI

10 mar 2010

Instrucciones para elegir en un picado (Alejandro Dolina)

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo, se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos.

Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a cada uno de sus compañeros.

Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos.

Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida: sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advierten su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.

Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían… ciertas cualidades.

Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía siempre a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran los más capaces.

El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico: uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán.

Un equipo de hombres (y mujeres) que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.


Alejandro DOLINA 
(de "Crónicas del Ángel Gris")

21 feb 2010

DEFENDER LA ALEGRÍA !!!

Estoy sentado en la tribuna de un club de barrio, viendo jugar a las categorías 2004 de Barrio La Carne y Amor y Lucha.

Es la segunda fecha del torneo "Semillero de Gerli". Doce pibitos de cinco y seis años  tratan de correr detrás de la pelota mientras algunas decenas de padres, tíos, hermanos y amigos grita hasta la afonía cuando su equipo avanza y aullan como lobos heridos cuando es su propio arco el que está en riesgo.

Amor y Lucha gana uno a cero, pero Barrio La Carne no se entrega, empujan con ganas sus seis aguerridos jugadores, con el arco rival en la mira. Yo sigo disfrutando,  entretenido, ajeno a los vaivenes emocionales de los espectadores.

Una pelota cruza la cancha y cae en el área de Amor y Lucha. El arquerito la ve llegar, la para con su piecito derecho y la deja muerta contra el piso. No la agarra con la mano, la deja ahí, quietita en el piso.
Los jugadores de Barrio La Carne no saben qué hacer. La pelota está ahí, en el área chica, cerca del arquero que se niega a agarrarla. El primer delantero se decide y corre a toda velocidad hacia donde está el balón, está cerca, muy cerca, pero a pocos centímetros de la gloria, el arquerito se hamaca y sale gambeteando hacia su derecha con la risa contenida entre los dientes.

Yo espero, después de semejante demostración de osadía, que ahora si, de una vez por todas, la reviente para arriba y aleje el peligro. Pero no. Otra vez el arquerito la deja quietita contra el piso. Mira al costado para asegurarse que aquel delantero embestidor ya no es un amenaza, mira para adelante y desafía con la cabeza levantada y la pelota quieta al próximo valiente.

Viene el segundo,  ya algo advertido de que el arquero no está actuando normalmente, y barre el piso en un intento desesperado por llegar a la pelota; la pierna del arquerito se estira en el último instante, y la hace correr por la punta, dejando tras de si otro desafío superado.

Yo no entiendo, juro que no entiendo. Miro al árbitro para ver si la jugada fue anulada, pero no, la pelota está en juego, todo vale. Miro al técnico de Amor y Lucha esperando el grito desencajado, el gesto amenazador, el ruego de "sacala", pero no. Alejandro está tranquilo, como si nada... No dice nada, ni se ve nervioso. El arquero entonces, ve a su compañerito bien abierto allá arriba, y pone un pase en profundidad que se termina perdiendo en el fondo de la cancha.

La jugada, con algunas variantes lógicamente,  se repite cinco o seis veces en ese primer tiempo. Ya a la tercera o cuarta vez, me acostumbré a esperar la gambeta, pero sigo sin poder aceptar que detrás de ella no venga el reto, ni los gritos del público que también toma la actitud de Santiaguito, con increíble normalidad...

En una de los tantos firuletes, Santiaguito calcula mal, y la pelota termina dentro del arco, de su propio arco. Es gol. Barrio La Carne y Amor y Lucha están uno a uno, pero nadie se queja; no hay retos para Santiago, y todo sigue como si nada... Yo sigo sin entender.

En el segundo tiempo Santiaguito salió del arco, fue de delantero, pero no pudo revertir el resultado. Cuatro a tres ganó Barrio La Carne y Amor y Lucha perdió el invicto.

Le comento al Negro Florentín que no puedo creer lo que acabo de ver: un arquerito de cinco años se divierte gambeteando rivales dentro de  su propia área, una y otra vez... Le salen todas, pero las que no salen las va a buscar adentro. Sin embargo, la alegría está invicta. El pibe sigue en la suya, y su entrenador le respeta las ganas de jugar. No le grita, no lo cambia, no lo amenaza. Tampoco la gente de su club, que acompaña con risas y aplausos cada jugada...

Uno no deja de sorprenderse cuando la alegría y la libertad de jugar y divertirse pueden asomarse en todo su esplendor en esta  sociedad donde la angustia es el estado natural.

Estaba pensando todo eso cuando un grito de "sacalaaaaaaaaa" me sacudió. Ya había arrancado otro partido... más normal...

El fútbol es maravilloso... y sigue estando entero en los pibes que en el barrio recién empiezan a patear...
Qué bueno que  lo dejen crecer y no les corten las alas al primer vuelo...

Me vuelvo a casa, agradeciendo a Santiaguito por el fútbol, a Alejandro y a la gente de Amor y Lucha, por disfrutar de la alegría de jugar de los pibes, más que del resultado.

La historia es afortunadamente real. Barrio La Carne le ganó a Amor y Lucha 4 a 3 en el Torneo Semillero de Gerli, el domingo 21 de febrero de 2010.

16 feb 2010

El resultado en fútbol infantil atenta contra la formación (Pino Hernández en Clarín)

Copiamos a continuación una muy interesante nota que publica el Deportivo de Clarín, hecha por Eduardo Tagliaferri a Eduardo Pino Hernández, coordinador del fútbol infantil de Véles Sárfield.
El título de la nota, ya es una definición:

"El resultado en fútbol infantil atenta contra la formación"

13:05|Eduardo "Pino" Hernández, Coordinador General del Fútbol Infantil de Vélez, cuestionó el trabajo de algunos clubes en sus Divisiones Inferiores. Además denunció que "hay robo de jugadores y padres que les pegan a los árbitros".

Por: Guillermo Tagliaferri

PINO. Eduardo Hernández es el Coordinador General del Fútbol Infantil de Vélez. (Eugenia Cerruti)
Con la autoridad que le da haber dirigido infantiles y juveniles durante aproximadamente dos décadas, Eduardo Pino Hernández, ex puntero derecho de Vélez, Platense y San Lorenzo entre otros y actual Coordinador General del Fútbol Infantil de Vélez, trazó un panorama sobre la raíz del fútbol argentino y denunció graves irregularidades que atentan contra la formación adecuada de los futbolistas del futuro. "Se está actuando mal. En el fútbol infantil están sucediendo cosas que atentan contra los objetivos fundamentales. El chico que da sus primeros pasos en el fútbol organizado es como un árbol que está a tiempo de que se le coloque un palo para que salga derecho; porque si crece torcido ya no tendrá solución. Pasan cosas que no se pueden creer, si no lo modificamos vamos a crear jugadores sin identificación con el fútbol argentino".

Hernández cuestiona que "algunos clubes están muy pendientes de los resultados, sólo les importa ganar. Y a cualquier costo. Eso hace que la formación del chico, no sólo como futbolista sino lo que es más grave como persona, no sea la adecuada. Acá en Vélez obramos distinto. Por ejemplo, si el mejor jugador de una categoría comete algún acto de indisciplina el fin de semana queda excluido del equipo. Podemos perder el partido, pero ganamos en la formación a futuro. Nosotros tenemos una frase de cabecera que dice "el resultado en fútbol infantil atenta contra la formación".

Puntualmente el entrenador cuenta que "si hay un tiro libre en mitad de cancha se lo hace patear al más grandote de físico porque tiene potencia para pegarle al arco grande. Eso en Primera no va a pasar, ese jugador seguramente no será el encargado de los tiros libres. Otro caso es mandar al marcador central si es fuerte para que patee los córners al corazón del área, pensando sólo en convertir; en el futuro ese central no va a ejecutar los tiros de esquina sino que seguramente será él quien vaya a cabecear. O pedirles que revienten la pelota desde abajo, lo ideal es que aprendan a salir jugando. Y así podría citar montones de jugadas que sólo apuntan al éxito inmediato". Entre los cambios que pregona para el fútbol infantil figuran "achicar las canchas y los arcos para que los chicos estén en un hábitat más natural, usar pelota más chica para mejorar la técnica del jugador y fundamentalmente no jugar con tabla de posiciones en las categorías infantiles. Este último tema lo charlamos con Checho Batista, igual que poner menos énfasis en lo físico y sí en la técnica y el juego".

-¿Existe el "robo" de jugadores infantiles?

-Sí. Lamentablemente es algo común y da un poco de bronca. El club poderoso hace la captación en base al dinero y perjudica al club más modesto. Es una selva, y así el chico es menospreciado. Pero es una realidad y difícil de evitar con tantos problemas sociales. No se puede criticar a la familia que necesita el dinero y son tentados. Hasta se dan casos de clubes que se llevan categorías completas. El baby fútbol perdió la esencia, antes los chicos jugaban en el club de su barrio, donde iban con sus vecinitos amigos. Hoy hay chicos de 6 o 7 años que les pagan para ir a jugar. Eso es perjudicial. En vez de jugar van a trabajar, ¿Cómo llegará su mente cuando tengan que entrar a Novena división?

-¿Los padres también pueden convertirse en un factor negativo?

-He visto cosas terribles. Padres que agarran de las orejas al hijo porque jugó mal. Lo que deberían hacer es consolarlo y explicarle que no pasa nada por un mal rendimiento o por perder un partido. A los cinco minutos tienen que olvidarse y estar jugando al metegol. También hay casos de padres que le pegan al árbitro por estar disconformes con un fallo. ¿Qué ejemplo les están dando a sus hijos? Así los pibes sufren y juegan con temor pensando en las reacciones negativas de sus papás.


-¿Es conveniente traer chicos del interior para sumarlos al fútbol infantil de un club de Buenos Aires?


-Otra aberración. Es una locura meter en una pensión a chicos menores de 14 años. Es quemar etapas. No se lo puede sacar del entorno de su familia, además nadie les garantiza que van a llegar a Primera, ni siquiera a Inferiores. Acá en Vélez lo que hacemos es invitar en las vacaciones a los chicos del interior que vemos con condiciones y si la familia está de acuerdo lo fichamos, pero mientras tanto siguen viviendo en sus lugares de origen.

Hernández, que en Vélez fue técnico desde infantiles pasando por inferiores y hasta interinamente en Primera, traza una paralela entre el fútbol y la educación. Pregona que "las infantiles son el Jardín de Infantes, le enseñas al chico a jugar, a trabajar en la motricidad fina. De Novena a Séptima divisiones son la Escuela Primaria: empiezan a manejar letras y números y en el fútbol los sistemas tácticos. De Sexta a Cuarta es la Escuela Secundaria: se van preparando para una profesión, aprenden a cerrar un resultado y ahí sí se les exige ganar, que es lo que se les va a exigir en la vida. Y la Primera es la Facultad, es el momento de recibirte de futbolista".

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22 dic 2009

EL MARACANAZO


Después de la suspensión de los Mundiales de fútbol a raíz de la Segunda Guerra Mundial, la FIFA retomaba su máximo evento, organizando en Brasil el Cuarto Mundial de la historia en el año 1950.

Uruguay había sido sede y campeón en 1930, Italia repitió ambas condiciones en 1934, y logró el bicampeonato en Francia en 1938.
Doce años después, el partido final del Mundial de Brasil iba a ser protagonizado por los dos mejores equipos del momento: el país anfitrión y el seleccionado uruguayo.

La fase  final que determinaría al campeón era una ronda de cuatro equipos a jugar todos contra todos. Los locales habían apabullado a Suecia (7 a 1) y a España (6 a 1), mientras los celestes llegaban con un punto menos, ya que habían empatado con España (2 a 2) y habían vencido a Suecia (3 a 2) angustiosamente, dando vuelta el encuentro en los últimos 13 minutos.

Según los datos oficiales de FIFA, el encuentro final en el Estadio Maracaná el 16 de Julio de 1950 fue presenciada por la increíble cantidad de 174.000 espectadores.

Al local le alcanzaba con el empate para consagrarse campeón, pero los antecedentes lo instalaban como gran favorito, y desde muy temprano, la fiesta estaba preparada para que el equipo de Flavio Costa festejara a lo grande. Los únicos que no se enteraron de eso, fueron los uruguayos...

Uruguay había llegado a la ronda final ganando un único partido, por 8 a 0, con el seleccionado boliviano. Después de eso, los resultados comentados antes, hablaban de una sufrida y ajustada clasificación.
A pesar de ese amplio favoritismo, el primer tiempo finalizó cero a cero.  La tradicional garra charrúa se oponía al juego brillante de los locales y ninguno pudo desnivelar.

En la segunda parte, a apenas 2' de reiniciado el juego, Friaca pone en ventaja a Brasil, desatando la alegría de todo el estadio que ya deliraba a cuenta.Sin embargo, a los 21', Schiaffino igualaba el marcador, poniendo un manto de suspenso a la gran final, que pronto fue dando paso a las dudas y el nerviosismo de hinchas y jugadores brasileños. Esos nervios se multiplicaron cuando a los 34', Ghiggia marcó el 2 a 1, dejando al estadio en un silencio espeluznante.

Carlos Solé, uno de los tres periodistas charrúas que cubrieron la final, relataba así el gol de la victoria:
"...La para Míguez y apoya Julio Pérez. Se va delante Julio Pérez con la pelota esperando que se cruce Ghiggia. Julio Pérez sigue atacando. Pérez a Ghiggia. Ghiggia a Pérez. Pérez avanza, le cruza la pelota a Ghiggia. Ghiggia se le escapa a Bigode. Avanza el veloz puntero uruguayo. Va a tirar. Tira. Goool, goool, goooool, goooooool uruguayo. Ghiggia tiró violentamente y la pelota escapó al contralor de Barboza. A los 34 minutos, anotando el segundo tanto para el equipo uruguayo. Ya decíamos que el gran puntero derecho del conjunto oriental estaba resultando la mejor figura de los uruguayos. Se escapó de la defensa brasileña. Tiró en acción violenta. La pelota rasante al poste escapó al contralor de Barboza y anotó a los 34 minutos Ghiggia el segundo tanto para Uruguay. Uruguay 2 Brasil 1. Autor del tanto Ghiggia a los 34 minutos..."




El gol de Ghiggia que le da el campeonato a Uruguay. Los defensores brasileños no lo pueden creer...

Para los brasileños, la derrota fue una tragedia nacional. La gente salía del estadio en un silencio sepulcral, en una desgarradora escena de llantos y desconsuelo.
Jules Rimet, presidente de la FIFA, había ingresado a las dependencias interiores del estadio poco después del gol de Brasil, para preparar su discurso, que hablaba maravillas del seleccionado brasileño, dando por descontado que la copa quedaría en Brasil.
Cuando volvió a salir al estadio, sólo los uruguayos estaban en la cancha, celebrando enloquecidos lo que noventa minutos antes era un sueño casi imposible.

Los héroes uruguayos del Maracanazo. Aquel día Uruguay jugó con Roque Máspoli, Mathías González, Eusebio Tejera, Schubert Gambetta, Obdulio Varela, Rodríguez Andrade, Alciede Ghiggia, Julio Pérez, Oscar Míguez, Juan Alberto Schiaffino y Morán. Juan Lòpez era el DT.

La gente en Uruguay salió a las calles a festejar, y los jugadores fueron héroes nacionales, desde aquel día y para siempre.
Tal fue la profundidad de la herida, que nunca más en la historia, Brasil jugó con camiseta blanca. Allí nacio la tradicional verde-amarela que hoy es un símbolo del fútbol mundial.
De los cinco mundiales siguientes, Brasil ganaría 3 (1958; 1962 y 1970) quedándose para siempre con la Copa Jules Rimet.

La bellísima copa Jules Rimet que Brasil obtuvo definitivamente en México 1970, al consagrarse campeón por tercera vez.

Así lo cuenta el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro "El fútbol a sol y sombra":

Nacía la televisión en colores, las computadoras hacían mil sumas por segundo, Marilyn Monroe asomaba en Hollywood. Una película de Buñuel, Los olvidados, se imponía en Cannes. El automóvil de Fangio triunfaba en Francia. Bertrand Russell ganaba el Nobel. Neruda publicaba su Canto general y aparecían las primeras ediciones de La vida breve, de Onetti, y de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz.
Albizu Campos, que mucho había peleado por la independencia de Puerto Rico, era condenado en Estados Unidos a setenta y nueve años de prisión. Un delator entregaba a Salvatore Giuliano, el legendario bandido del sur de Italia, que caía acribillado por la policía. En China, el gobierno de Mao daba sus primeros pasos prohibiendo la poligamia y la venta de niños. Las tropas norteamericanas entraban a sangre y fuego en la península de Corea, envueltas en la bandera de las Naciones Unidas, mientras los jugadores de fútbol aterrizaban en Río de Janeiro para disputar la cuarta Copa Rimet, después del largo paréntesis de los años de la guerra mundial.
Siete países americanos y seis naciones europeas, recién resurgidas de los escombros, participaron en el torneo brasileño del 50. La FIFA prohibió que jugara Alemania. Por primera vez, Inglaterra se hizo presente en el campeonato mundial. Hasta entonces, los ingleses no habían creído que tales escaramuzas fueran dignas de sus desvelos. El combinado inglés cayó derrotado ante los Estados Unidos, créase o no, y el gol de la victoria norteamericana no fue obra del general George Washington sino de un centrodelantero haitiano y negro llamado Larry Gaetjens.
Brasil y Uruguay disputaron la final en Maracaná. El dueño de casa estrenaba el estadio más grande del mundo. Brasil era una fija, la final era una fiesta. Los jugadores brasileños, que venían aplastando a todos sus rivales de goleada en goleada, recibieron en la víspera, relojes de oro que al dorso decían: Para los campeones del mundo. Las primeras páginas de los diarios se habían impreso por anticipado, ya estaba armado el inmenso carruaje de carnaval que iba a encabezar los festejos, ya se había vendido medio millón de camisetas con grandes letreros que celebraban la victoria inevitable.
Cuando el brasileño Friaça convirtió el primer gol, un trueno de doscientos mil gritos y muchos cohetes sacudió al monumental estadio. Pero después Schiaffino clavó el gol del empate y un tiro cruzado de Ghiggia otorgó el campeonato a Uruguay, que acabó ganando 2 a 1. Cuando llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en Maracaná, el más estrepitoso silencio de la historia del fútbol, y Ary Barroso, el músico autor de Aquarela do Brasil, que estaba transmitiendo el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el oficio de relator de fútbol.
Después del pitazo final, los comentaristas brasileños definieron la derrota como la peor tragedia de la historia de Brasil. Jules Rimet deambulaba por el campo, perdido, abrazado a la copa que llevaba su nombre:
Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y se la entregué casi a escondidas. Le estreché la mano sin decir ni una palabra.
En el bolsillo, Rimet tenía el discurso que había escrito en homenaje al campeón brasileño.
Uruguay se había impuesto limpiamente: la selección uruguaya cometió once faltas y la brasileña, 21.



La maravilla de las pasiones que el fútbol despierta, puede analizarse de mil maneras diferentes, pero tal vez el secreto esté en la frase que hace pocos días dijo el Maestro Bielsa en El Salvador:

"EN EL FÚTBOL NO SIEMPRE GANA EL TODOPODEROSO"
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29 oct 2009

El partido de la muerte. Cuando el fútbol derrotó al nazismo.


El Dynamo de Kiev, es el club más ganador de la Liga de Ucrania, una nación del este europeo que hasta los años 80 integró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Con trece Ligas locales, nueve Copas de la U.R.S.S., y algunos lauros internacionales (Recopa y Supercopa), el club fue cuna de Andriy Shevchenko, su máxima figura histórica, con quien llegó a una histórica semifinal de la Champions Ligue.

Sin embargo, la riquísima historia deportiva del Dynamo de Kiev, tiene un eslabón de oro, en el que la camiseta blanca y azul del club brilló más que nunca, en medio de la gran tragedia que vivió el mundo durante el auge del nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

Con Ucrania invadida y ocupada por la Alemania de Hitler, los jugadores del Dynamo fueron reconocidos entre los prisioneros y autorizados a entrenarse en un campo de los suburbios, donde jugaron varios partidos con distintos combinados de aficionados alemanes y húngaros, sin que esto aliviara en nada las condiciones de servidumbre y hambre que soportaban, al igual que el resto de la población ocupada.

Ante la fama de imbatibles que fueron ganando los jugadores del Dynamo, fueron desafiados por un equipo del ejército alemán al que vencieron, tras lo cual los nazis prepararon “el gran desafío”: anunciaron con bombos y platillos “La Gran Revancha”, que se jugaría el 12 de Junio de 1.942 entre el seleccionado del ejército alemán y un combinado de Kiev, al que llamaron “Star”, con gran mayoría de jugadores del Dynamo más algunos refuerzo del Lokomotiv de la misma ciudad. 




El encuentro se disputó en el Estadio Municipal y las diferencias entre los integrantes de ambos equipos eran notorias: un muy entrenado equipo alemán, enfrentaba a un grupo de futbolistas pésimamente alimentados, que casi en harapos ingresaron a la cancha a jugar el gran partido de sus vidas.

Con las tribunas colmadas por el pueblo de Kiev, y la oficialidad nazi en el Palco de Honor, los alemanes comenzaron ganando, pero la garra de los ucranianos pudo más, y el primer tiempo finalizó con un inesperado dos a uno a favor del Start.

La situación, no iba a ser tolerada por la plana mayor del ejército, uno de cuyos integrantes ingresó al vestuario en el descanso del entre tiempo para notificar a los jugadores de Kiev que nunca jamás un seleccionado alemán había sido derrotado por un equipo de los territorios ocupados, y que no sería esta la excepción, prometiendo fusilarlos a todos si el marcador no se revertía.

Aún a pesar de la amenaza, los jugadores salieron al campo decididos a no entregar lo único que los nazis no habían podido conquistar: su dignidad.














Ante el delirio del público, el combinado convirtió rápidamente el tercer gol y a los pocos minutos el cuarto, dando al equipo nazi una verdadera lección de fútbol y coraje.
Antes de llegar  a la mitad del complemento, el combinado marca un quinto gol, ante el festejo enloquecido de los hinchas locales y la furia de la humillada oficialidad del ejército alemán que se retira del campo, ante lo cual el árbitro da por finalizado el partido.

Al finalizar la jornada, los jugadores del combinado de Kiev, tal cual lo anunciado por el oficial invasor,  fueron enviados a los campos de concentración del nazismo, donde varios de ellos fueron ejecutados a las pocas horas.
El crimen, fue reconocido por los oficiales alemanes en los históricos Juicios de Nuremberg  donde se estableció que fueron asesinados el arquero Mykola Trusevich,  Ivan Kuzmenko, Olexiy Klimenko y Mykola Korotkikh, y seguramente otros integrantes del equipo.

El legendario “Partido de la Muerte”, fue luego llevado al cine por los húngaros, y más tarde por los norteamericanos en “Escape a la victoria”, la película de John Huston, protagonizada por Stallone y varios ex futbolistas profesionales, con Pelé y Ardiles, entre otros.  En este film, sin embargo,  el final fue acomodado a las necesidades de la industria de Hollywood, muy lejos de la realidad histórica.

Distintas versiones pueden encontrarse sobre los sucesos narrados, pero esto es lo esencial de una historia en la que a través del fútbol, los oprimidos sacaron pecho frente a los opresores y los derrotaron en una cancha con una pelota como arma.

Sobre el tema de la nota, pueden ver también: 
wikipedia: el partido de la muerte 
página 12: los once del patíbulo

22 oct 2009

BRILLANTE DEFENSA DE DOLINA A DIEGO MARADONA

Vale la pena escuchar los 5' 39" de Alejandro Dolina respondiendo a una oyente sobre las declaraciones de Diego A. Maradona.

"Lo dice un senador de la nación y es un piola, lo dice Maradona y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, por los que menos tienen. Aparecen los muchachos de siempre a indignarse."

16 oct 2009

O ASCENSO MAIS GRANDE DO MUNDO

Que en Brasil se juega al fútbol que le gusta a la gente, es casi una verdad indiscutible, pero el ascenso del VIANA, de la segunda división de Maranhao, superó cualquier previsión.
El equipo  ganaba 2 a 0 a los 36' del segundo tiempo, y estaba lejos de los 11 goles que necesitaba para ascender a la categoría superior, pero de repente, volantes y delanteros se iluminaron, y en los últimos 9 minutos consiguieron marcar los 9 goles que hacían falta.
El resultado final: Viana 11, Chapadinha 0, consagró al local, postergando al Moto Club que en su cancha goleó 5 a 1 al Santa Quiteria.

Los dirigentes del Moto Club pidieron abrir una investigación por posible corrupción, aunque desde el Viana le respondieron que el trámite del partido había sido absolutamente normal. 
LA PELOTA NO SE MANCHA !!!

Mirá el increíble video con los goles !!!

QUE LA CHUPEN !!!



Alcanza con revisar los archivos de TVR para darse cuenta de la miserabilidad de la gran mayoría de los periodistas deportivos argentinos.

Niembro diciendo que Verón ha cumplido un ciclo, Niembro diciendo que Verón a su edad es una figura mundial.  Elio Rossi diciendo que Bielsa no sabe nada de fútbol, Elio Rossi diciendo que Bielsa es un señor y un sabio. El golpeador de mujeres Mariano Closs diciendo que Ruggeri tiene que ser el DT de la selección, el golpeador de mujeres Mariano Closs diciendo que para qué Ruggeri si hay otros mejores y de más experiencia.

Si esta condición de miserables se agotara en lo futbolístico, ya sería difícil de digerir, pero al extenderse a otros ámbitos, se torna aún más intolerable.

Los Fernando Niembro, Mariano Closs y muchos otros personajes que denigran a diario la profesión, inescrupulosos hasta provocar el vómito, no son serviles gratuitamente  a los dictados de sus amos de turno. Botones de sus propios compañeros, a muchos de los cuales hicieron echar de sus trabajos, sostienen una carrera basada en la mala leche.

En ese marco, uno de los papeles más indignos de la desinformación  y la mentira es el del ex candidato presidencial Carlos Salvador Bilardo, que ha cambiado los alfileres de sus años de jugador, por maniobras no menos arteras y tramposas para llevar agua hacia los molinos que le dan de comer desde hace tiempo.

Todos ellos viven de la mala leche; de la mala leche direccionada y grosera hacia quienes no son afines a los caprichos mediáticos de sus patrones. Bianchi no sirve porque se planta y no da notas exclusivas, Bielsa no sirve por insobornable e inmanejable, Diego no sirve porque se pronuncia a favor de la nueva Ley de Medios y de la intervención del estado en la televisación del fútbol, y encima se declara amigo de Chávez y su revolución bolivariana.

La selección argentina no jugó contra Uruguay y Perú, peor de lo que lo venía haciendo en partido anteriores, lo que cambió en estos tiempos es el humor de los multimedios. Curiosamente, la saña contra los jugadores y el cuerpo técnico se incrementó inexplicablemente, justo en los últimos dos partidos, en los que el equipo ganó y clasificó a Sudáfrica. Los comentarios del Pollo Vignolo y Macaya Márquez no dejaban dudas de cual era su posición desde el minuto cero del partido; justo Macaya, que al mejor estilo De la Rúa, se las ingenió para sobrevivir cuarenta años en lo suyo sin jugarse jamás, ni siquiera para opinar sobre si un penal estuvo mal cobrado o no.

El “que la chupen” de Maradona, puede sonar chocante, pero es genuino y justiciero. Dejando a un costado el análisis sobre el juego en sí mismo, expresiones como “Pasman vos también la tenés adentro” vienen a sacar la careta e un periodismo rastrero, funcional a sus patrones y carente de opinión propia. Son en el fútbol, lo que son Silvestre y Bonelli, Nelson Castro y Lorena Maciel en otros terrenos de la comunicación desinformativa.

Que la chupen!!!
Que la chupen T y C y  Fox Sport, que la chupe Niembro y Closs, que la chupe el Negro González Oro y el perrito faldero de Elio Rosi, que la chupe Macaya y que la chupe Clarín. 
Como aquel cachetazo en vivo de una vecina de Palermo a Aíto de la Rúa, como la basureada mediática de Norma Plá al corrupto y vendepatria de Domingo Cavallo, como la celebrada piña del turco Samid a Mauro Viale, el ¡Que la chupen! De Maradona, viene dejarnos un pequeño gustito a justicia popular.

Otro día hablamos de fútbol, pero ahora ¡QUE LA CHUPEN!